Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

La inseguridad

Posted by rayuelo en 29 abril 2009

Supongo que por ser el 60º aniversario de la publicación de “1984” (1949), de George Orwell, mucha gente lo estará leyendo por primera vez, si además añadimos que este año 2009 cumple veinticinco años todo aquel que naciese en 1984 pues la carambola es doble. Si nos ponemos pesaditos podemos comentar que la gente se empieza a sentir identificada con la idea de que sigue los parámetros que se marcan desde sabe Dios que altas esferas. Si rizamos el rizo un montón (y nos convertimos en genios melodramáticos como Almodóvar) se puede decir que mucha gente lee más en estas fechas de empleo escaso y pocas oportunidades de ocio externo gratuitas.

Nada de ésto es bueno ni malo: lo que está claro es que son múltiples motivos por los que ponerse delante de un libro. Y dudo: dudo si motivos son los que le faltan a Winston Smith (el protagonista) para tomar decisiones o si le sobran. Así de ambigüa me parece la obra. Smith “descubre” que su trabajo, que consiste en reescribir la historia, está mal. Se siente marioneta y encuentra el amor a la vez; y esto suele tener el resultado patético de acciones irremediablemente alocadas. Nuestra capacidad de cambiar el mundo se torna entonces pequeñísima, enana. Eso nos hacen creer y nos lo creemos. Y ahí acaba “lo positivo” que saco yo de “1984”, un libro que nos manda a la batalla para perderla. Soy de la opinión de que Winston debió reorganizar sus ideas y pensar que lo que hacía le convertía en “uno de ellos” y no en su enemigo.

No tomó un riesgo: se suicidó.

¿Estáis dispuestos a dar vuestras vidas?
– Sí.
– ¿Estáis dispuestos a cometer asesinatos?
– Sí.
– ¿A cometer actos de sabotaje que puedan causar la muerte de centenares de personas inocentes?
– Sí.
– ¿A vender vuestro país a las potencias extranjeras?
– Sí.
– ¿Estáis dispuestos a hacer trampas, a falsificar, a hacer chantaje, a corromper a los niños, a distribuir drogas, a fomentar la prostitución, a extender enfermedades venéreas… a hacer todo lo que pueda causar desmoralización y debilitar el poder del Partido?
– Sí.
– Si, por ejemplo, sirviera de algún modo a nuestros intereses arrojar ácido sulfúrico a la cara de un niño, ¿estarías dispuestos a hacerlo?
–Sí.
– ¿Estáis dispuestos a perder vuestra identidad y a vivir el resto de vuestras vidas como camareros, cargadores de puerto, etc.?
– Sí.
– ¿Estáis dispuestos a suicidaros si os lo ordenamos y en el momento en el que os lo ordenásemos?
– Sí.
– ¿Estáis dispuestos, los dos, a separaros y no volveros a ver nunca?
– No—interrumpió Julia.

¿Por qué hacerlo? Salvar a gente que, quizá no quiera ser salvada, y menos por terroristas iguales a los que ahora les dominan. Lo que el Partido, el Gran Hermano, les inculcan no es la idea de inseguridad sino todo lo contrario: todo saldrá según los planes que acordemos. No se me ocurre otra cosa que una añoranza por la inseguridad, por el no saber que pasará. Orwell (un genio) obliga a las sociedades al cambio y al movimiento sin preguntarlas si quieren; las condena a la alineación política y esta idea me parece monstruosa.

Prefiero esta otra:

Quizá lo más exasperante del “yo”, de la naturaleza y del universo, es que nunca se quedan “quietos”. Es como una bella mujer a la que nunca cogerán, y cuyo encanto radica en su misma esencia huidiza, pues el carácter perecedero y mudable del mundo forma parte de su vivacidad y su encanto.

Es Alan Watts en su ensayo “La sabiduría de la inseguridad” (1951, cercanía de fechas como véis). También prefiero a Marcel Proust y su cita: El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en mirar con ojos nuevos.

Anuncios

2 comentarios to “La inseguridad”

  1. Miguel said

    He sido uno de esos agraciados que por aniversario o por coincidencia nos ha caído de las manos esta novela… sociológica se podría considerar. Como he dicho es una novela carente de realidad, pero con ciertos espinosos parecidos con el actual sistema de “P”artidos. Aunque parezca exagerado las telepantallas de 1984 podrían tener cierto paralelismo con las multitudinarias y omnipresentes cámaras de videovigilancia en lugares públicos que por nuestra “seguridad” nos vigilan hasta de noche.
    El final de este libro es impactante a mi gusto, pero espectacular… el como O´Brien le explica todo el proceso de transformación de un hombre al que habiendo traicionado al sistema y sabiendo que va a ser ejecutado se le hace cambiar de opinión para que antes de morir… Ame al Gran Hermano.
    Un libro que recomiendo. Un abrazo!

  2. rayuelo said

    Gracias por el comentario Miguel! Se agradece de veras, espero verte más por aquí. Por supuesto que hay paralelismos que amedrentan: TENIENDO EN CUENTA QUE FUE ESCRITO EN 1949.

    El final es un poco de lo que hablaba en la entrada: EL SACRIFICIO ES EN VANO A MÍ ENTENDER. No muere salvando a otros, no muere inmolándose junto a su enemigo, sino que hay una conversión en lo que más odia. NO HAY NINGUNA TRASCENDENCIA EN TODA LA OBRA: Winston aspira a mayor libertad de pensamiento pero sobre todo aspira a deshacerse de su anterior “yo”; pobre económicamente y espiritualmente. No hay mártires, ni mitos en los que las hipotéticas generaciones futuras del mundo de Orwell se basen. SOLO QUEDA LA DESESPERANZA. Eso es lo que abomino, lo que no quiere decir que no nos estemos aproximando lentamente a un periodo de la historia parecido: NINGÚN PROBLEMA EXISTENCIAL, SOLO MATERIAL.

    LIBERTAD SIN AMOR: libertad porque sí. Y eso si que no…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: