Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

Vidas de santos

Posted by rayuelo en 20 abril 2009

A los santos no se les juzga, se les venera. Ésto dice Octavio Paz refiriéndose a Gandhi y sus contradicciones. “Por algo lo harán”, parece decir. No debe ser nada fácil ser santo, deduzco… Mejor, lo afirmo.

Ese término, santo, tiene connotaciones parecidas en todas las religiones. Para los hindúes se afirma que han obtenido poderes sobrehumanos y conocimientos que los elevan por encima de hombres y de dioses: se trata de esa dimensión más allá de lo sensorial que se les revela a través de la “concentración”, la meditación; la oración cristiana. El Hinduismo tiene muchísimos (casi incontables) dioses pero en todos ellos se puede ver al Dios Supremo, se debe ver. Esta herencia de estos santos védicos (crearon, pensaron, imaginaron “Los Vedas”, de cronología indescifrable aunque seguramente no posterior al año 3000 a.C), estos secretos universales que les fueron revelados tienen (sobre todo tuvieron) enorme trascendencia en la vida del hindú común, encastado, ya que sus ritos de nacimiento, matrimonio y muerte derivan de estas revelaciones. Santos, pues, que sirvieron de apoyo a toda una civilización, la gran fortaleza del pensamiento.

Lo más parecido que tenemos en el Cristianismo se llamaba Agustín y había nacido en el 354 d. C, en plena crisis del Imperio Romano, cerca de Cartago. No fue en muchos aspectos Agustín un ejemplo de vida, siempre bailando entre diferentes corrientes de pensamiento, siempre experimentando nuevas sensaciones, seguramente un rufián: pero está claro que algo importante (algo importantísimo) le fue dado a conocer. Si además le unimos que es un estupendísimo escritor tenemos ante nosotros a el primer filósofo del Cristianismo. Él, un maniqueísta seguidor de Manes, empeñado casi toda la vida en que las fuerzas del Bien y del Mal luchan a brazo partido y que ésto es insuperable. Un mal hombre, si queremos, pero que se da cuenta un día, abriendo la Biblia que Dios es inmensamente superior, infinitamente superior, que el Bien siempre saldrá victorioso de este combate (lo que no impide que para un cristiano la vida no tenga un desenlace: salvación o condenación; este hecho no se debe olvidar, sería absurdo).

Pero el gran descubrimiento de San Agustín es la intimidad, el alma: la capacidad de entrar en uno mismo, una cosa que afirmaría cualquier hindú como capital.

Mas, ¿quién ama lo que ignora? Se puede conocer una cosa y no amarla; pero pregunto: ¿es posible amar lo que se desconoce? Y si esto no es posible, nadie ama a Dios antes de conocerlo. Y ¿qué es conocer a Dios, sino contemplarle y percibirle con la mente con toda firmeza? No es Dios cuerpo para que se le busque con los ojos de la carne. Pero antes que podamos contemplar y conocer a Dios como es dado contemplarlo y conocerlo, cosa asequible a los limpios de corazón: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios, es menester amarle por fe; de otra manera el corazón no puede ser purificado ni hacerse idóneo y apto para la visión. ¿Dónde, pues, encontrar las tres virtudes que el artificio de los Libros santos tiende a edificar en nuestras almas, fe, esperanza y caridad, sino en el alma de aquel que cree lo que intuye, y espera y ama lo que cree? Se ama, pues, lo que se ignora, pero se cree.

Fragmento de “De Trinitate”, San Agustín.

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6 comentarios to “Vidas de santos”

  1. Alfredo said

    jo

  2. slumdar said

    Ya me gustaría a mi tener la facilidad del tal Agustín; por que a mi si me cuesta amar lo que desconozco y si es ataviado con ropajes religiosos todavía más (dichosos prejuicios), y si además el ensalzamiento viene dado vox populi, ya ni te cuento…

    P.D.Como se puede observar ni por asomo tengo esa virtuosa capacidad de síntesis de mi querido amigo Alfredo…

  3. rayuelo said

    Sin duda esta entrada es para dar la callada por respuesta…

  4. rayuelo said

    SLUMDAR! Un antídoto contra los prejuicios clericales (aunque no te aseguro nada… jeje):

    “CONFESIONES”, de San Agustín.

    Prueba a ver…

  5. Recomiendo leer Las confesiones en la versión en castellano moderno de Pedro antonio Urbina (Ediciones Palabra). No se pierde nada del intenso contenido del libro y te ahorras el escollo del lenguaje original.

  6. rayuelo said

    Gracias por la recomendación Javier. Nos leemos.

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