Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

Checos

Posted by rayuelo en 19 abril 2009

Václav Havel, dramaturgo y político (fue presidente checoslovaco tras la caída del Muro de Berlín y posteriormente de la República Checa cuando se separó de Eslovaquia), escribió sus “Cartas a Olga” (publicadas en 1989) en su estancia en la cárcel, entre 1979 y 1983. Censurado, más bien prohibido, tras la Primavera de Praga del 68 (la verdadera revolución, la más valiente, muy por encima de la de París), Havel tuvo que ingeniárselas para poder escribir con libertad entre rejas; las reglas eran estrictas: en sus escritos solo podía hablar de sí mismo, de lo que hacía en prisión (hay ciertos pasajes que cuentan como los presos zurcían calcetines). Pero estaba claro que Havel iba a luchar contra ésto:

El ser hechizado en mi interior y el que está presente en el mundo se pueden dar la mano en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera: cuando contemplo la copa de un árbol o cuando miro los ojos de otra persona, cuando consigo escribir una carta bonita, cuando me emociona una canción o cuando el fragmento de una lectura pone mis pensamientos en efervescencia, cuando ayudo a alguien o alguien me ayuda a mí, cuando ocurre algo importante o cuando no ocurre nada especial. Esa necesidad nuestra, irreprimible, de trascender los horizontes situacionales, de cuestionar, conocer, explorar, entender, buscar la esencia de las cosas, ¿qué otra cosa es esa necesidad sino otra de las formas de aquel anhelo interminable por recobrar la integridad perdida del ser, aquel anhelo del yo de regresar al ser? ¿Qué otra cosa es sino ese anhelo intrínseco de despertar al propio ser oculto, adormilado, olvidado tantas veces, y a través de él alcanzar aquella plenitud e integridad de la existencia que nuestra intuición nos permite vislumbrar?

No puede evitar filosofar, sobre el sentido de la vida, ingeniándoselas para hacer creer a sus carceleros que hablaba sobre él mismo, cuando él mismo representaba en muchos momentos un latido de corazón universal: el de muchos checoslovacos. ¡Despertad!, viene a decir, ¿o es qué no hay nada dentro de vosotros? ¿Hasta el alma os ha robado el Comunismo?. Para Havel, un autocrítico consumado, hablar de “la crisis” es hablar de responsabilidad humana. Hasta que no nos demos cuenta de que todos, al menos algo, tenemos que ver con la situación actual del mundo este mundo no se podrá arreglar.

No basta con que gente como Havel o Mandela, presos políticos durante años, vengan a arreglarnos nuestro pequeño mundo. El ser humano es mucho más que eso, tiene un proyecto más grande que el que vislumbra cada día, ese horizonte al que nunca llegamos.

Me viene a la memoria un libro, una novela de Milan Kundera (otro checo), que transcurre en esa Praga de 1968: “La insoportable levedad del ser” (1984). Un personaje con una sola obsesión: el sexo, en este caso, que le limita tanto como él cree que le hace crecer. Magnífica novela sobre la condición humana por encima de episodios históricos.

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13 comentarios to “Checos”

  1. María said

    La verdad es que la entrada es atervida y denunciante. A veces cuesta creerse que esté en nuestras manos, en mis manos indivu¡idualmete poder cambia el mundo, o mejor dicho, contribuir e lo más mínimo a ese cambio. Pero es que el problema reside en que cada día nos levantamos mirando hacia dentro, en solucionar uestra vida (que tampoco es poco), en llenar nuestra alcoba y, si es necesario,pasando por encima de la de al lado. Pero es que esa actitud es innata al hombre, es instinto de supervivencia y hay que haerse mucha violencia pra salir deese círculo, y m´s aún para compremeterse socialmente con el mundo.
    Es que eso de mundo suena muy lejano, muy incómodo. Preferimos conformarnos con alabar a estos héroes coo Mandela y demás, y con eso, con alistarnos en sus movimientos,posicionarnos en el más progresista y homenajear a los “dioses” creemos que nuestra parte ya está completada.

  2. rayuelo said

    Si, María, es verdad: PREFERIMOS LOS HOMENAJES MULTITUDINARIOS. Es cierto que queda bonito decir eso de que “podemos cambiar el mundo” porque a estas alturas de la película nadie se lo cree; pero yo pienso que no solo es posible sino que alguien debe estar ahora mismo trabajando en ello: LOS VERDADEROS HÉROES. Los silenciosos que con un trabajo de hormiguita, de vez en cuando, nos sobresaltan a las cigarras holgazanas en las que nos estamos convirtiendo a base de pensar en nosotros desde que nos levantamos hasta que anochece (y en nuestros sueños también).

    PERO NO DUDO QUE HAY ALGO DENTRO NUESTRO QUE ES CAPAZ DE MOVER MONTAÑAS. No lo dudo. Necesitamos una chispa, una acontecimiento, una invasión bárbara… ALGO.

  3. slumdar said

    Necesitamos abstraernos de una vez por todas de esta mierda de sociedad que se esta fagocitando a si misma sin recursos morales ni nada que se le parezca.
    Necesitamos cambiar nuestra escala de valores.
    Necesitamos aprender a relativizar los sentidos.
    Necesitamos saber que no sabemos tanto.
    Necesitamos creer en alguien además de en nosotros.
    Necesitamos tener otros dioses, además del dinero.
    Necesitamos no necesitar tanto.

  4. rayuelo said

    NECESITAMOS DEJAR DE CREER QUE SOMOS LIBRES.

  5. María said

    Me ha gustado eso de necesitar una invasión bárbara. Precisamente me acuerdo de la película y, sobre todo, de una escena. Aquella en la que se encuentra el grupo de amigos, (ya casi por el final) en la casa de campo, todos sentados mirando al infinito y comentan haber pertenecido a todo y, al fin y al cabo, ¿haber hecho algo?

  6. slumdar said

    NECESITAMOS DEJAR DE CREER QUE SOMOS LIBRES:
    en la amistad,
    en el amor,
    en la inquietud,
    en la indignidad,
    que somos libres… dentro de esa libertad,
    para pensar que lo único que necesitamos…que lo único que nos mueve, que lo que anhelamos es: la mismísima libertad.

    Metafísica?, contradicción?, demagogia?, llamadlo como queráis…pero siempre por cuestión de necesidad.

  7. rayuelo said

    La libertad, cuando es esta libertad rutinaria que tenemos en Europa, se convierte en una OBLIGACIÓN. Bastaría perderla, un tiempo al menos, para poder volver a apreciarla.

  8. María said

    ¿Y cómo se pierde eso que no sabemos ni siquiera bien lo que es?

  9. rayuelo said

    Sabemos que hay (que debemos) que conservar nuestra “suerte” a toda costa. SI SABEMOS LO QUE ES: lo que nos permite ser hoy lo que somos, ese es el concepto de libertad que yo tengo. PERO ES ESO: UN CONCEPTO.

    Para Havel, machacado por el régimen soviético, que no le dejaba realizar la vocación para la que entendía había nacido; LA LIBERTAD TIENE UNA IMPORTANCIA QUE PARA UN JOVEN ESPAÑOL COMO YO ES IMPOSIBLE DE EXPERIMENTAR (actualmente). No estoy diciendo que debamos perder todo este camino recorrido por otros para que nosotros seamos lo que somos: estoy diciendo que sería recomendable para darnos, ser conscientes realmente, que las cosas siempre tienen un precio y que hay algunos que han dicho: “A ESTA INVITO YO”.

    Tener la libertad para decir eso y hacerlo: ESO ES LIBERTAD.

  10. María said

    No puedo evitar volver a recomendar un libro: La conquista del aire de Belén Gopegui. Recoge toda esta problemática. Y en determinado momento dice de los intelectuales: “Son de los que más leen diarios de información general, pero qué pronto renunciamos a ser sujetos activos de la evolución histórica.” (página 248 ed. Anagrama)

  11. rayuelo said

    No he querido llevar yo la discusión al ámbito intelectual: ESTÁ CLARO QUE HAY QUE HACER UN EJERCICIO INTELECTUAL (no hablo de erudición) PARA PENETRAR EN UNO MISMO Y SACAR LO MEJOR QUE LLEVAS DENTRO pero la afirmación de Gopegui, que no considero incierta en muchos casos, no me parece adecuada.

    Supongo que se refiere a mucho intelectual actual; y por lo que parece se autoproclama intelectual y renunciante, pero debe de saber que los hay también comprometidos: Aung San Suu Kyi, diplomada en Oxford y birmana, está encarcelada en su país por defender los derechos de su pueblo pudiendo estar en cualquier universidad del mundo dando clases y leyendo los periódicos todo el día. Gary Kasparov, el genio (genio de verdad) del ajedrez lucha (en la medida que puede) en Rusia contra un gobierno infecto, tirano, corrupto y que se hace llamar democrático; NI QUE DECIR TIENE QUE PUTIN NO SE ANDA CON CHIQUITAS. Roberto Saviano, el autor de “Gomorra”, se podía haber callado muchas cosas de La Mafia y continuar viviendo como periodista chato pero seguro.

    No es necesario actuar; HAY QUE IMAGINAR. Maquiavelo, por muy despreciable que nos pueda parecer en muchos aspectos, con la escritura de “El Príncipe” (solo con ello) consiguió que la política moderna tuviese este aspecto (nos guste o no). Kant no salió de su pueblo prusiano en toda su vida y su obra es una verdadera revolución social y filosófica. Albert Camus, de ideas izquierdistas, bien pudo alinearse con la URSS pero no lo hizo, es más; denunció las atrocidades de este régimen. Los Jesuitas, tantas veces maltratados (unas veces con razón otras con ella), intelectuales y políglotas todos, son los que más han luchado por la justicia social en todo el mundo; algunos lo siguen haciendo.

    MUCHOS SE ME QUEDAN EN LA MENTE. La cosa es aspirar a estos ejemplos y no herirnos diciendo que solo leemos periódicos…

  12. María said

    Quizás no es fácil entender la afirmaciónsin leer el libro y enmarcarla en un contexto. Si algo tiene este libro no son generaizaciones. Es una reflexión dura de unos chavales que se dan cuenta de que la sociedad te enguye sin dare cuenta. O uno está totalmene al loro o se lo comen, pero además de forma singular: eres tú el que te comes a tí mismo.

  13. María said

    “…todo esto te daré si postrándote, me adoras…” aquí pienso yo que está la cuestión. Que esta tentación la tenemos todos y todos los días. La sociedad nos habla de esta manera, nos promete felicidad y bienestar con nosotros mismos a cambio de volvernos consumistas (por ejemplo). Si no te compras una vez al mes ropa en el Zara no podrás ser feliz. Es un ejemplo tonto pero es lo que nos susurra al oído todos los días este mundo: “póstrate y adórame”.
    Y ante tanta insistencia no es tan fácil mantenerse en unos ideales, por muy claros y fuertes que se tengan, no es fácil ser fiel. Eso más o menos viene a contar también el libro

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