Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

Una eventual extinción

Posted by rayuelo en 19 marzo 2009

A no ser que uno diga adiós a aquello a lo que ama, a no ser que uno viaje a territorios vírgenes, tendrá que esperar simplemente un desgaste largo. Una eventual extinción.

Jean Dubuffet

El otro día visité en la Fundación Mapfre de Madrid una exposición de fotografía fantástica, la de Walter Evans. Todas las fotos son “vintage” (algo pasado de moda que hoy se considera clásico), todas excelentes y todas reveladas por el mismo autor; un tipo que viajó a París porque su pasión era Baudelaiere y volvió a Nueva York con la vocación de ser fotógrafo. El tema, entre otros (tiene retratos magníficos), es la crisis. La del 29, el “Crash”, los años inmediatamente posteriores. Pobreza, si. Miradas entre orgullosas y perdidas. La mentira convertida en verdad, vendida por verdad, recogía cadáveres. Se volvió a caer y en la actualidad la cosa parece grave. Lo explica bien Enric González, quizá mi periodista favorito: Indecencia.

Gancho de la casa de los hombres, Papúa Guinea, mediados del S. XX

Gancho de la casa de los hombres, Papúa Guinea, mediados del S. XX

Vivir con lo imprescindible y hacer las cosas útiles (útiles de verdad, no por comodidad) son patrañas que ya nadie cree. Yo empiezo a dudarlo, no, lo dudo mucho. En Nueva Guinea, en Oceanía, existe un tipo de arte que vale para todo; exactamente para todo. Se llama Arte Sepik. Este gancho que hoy muestro es enorme y adornaba las casas ceremoniales de los hombres: es una mujer colgando de un techo básicamente. Se solían colgar de ella sacos de fibra que podían contener torta de sagú (fécula extraída del tronco de la palmera) que las mujeres llevaban a las casas de los hombres en señal de lo que ya os podéis imaginar. También colgaban ofrendas a los ancestros.

Lo más curioso es que había un rito para los que se iniciaban como hombres (allí había que iniciarse para ello): los jóvenes pasaban por debajo del gancho, por debajo de las piernas abiertas de la mujer, representando así su nacimiento. La posición de brazos y piernas de la mujer recuerda al mundo animal y al momento del parto. Es una forma, en mi opinión hermosa, de darse uno cuenta de muchas cosas. Nacimos desnudos y rápido alguien nos tapó…

A nuestro paso la ciudad se detiene. Los obreros
levantan sus brazos engrasados y nos saludan y sonríen.
Los chicos gritan como en el circo. Los hombres de negocios
nos miran esperanzados y prosiguen su mesurado paso.
Y hay mujeres de pie en la puerta estupefacta de sus casas
que se mueven más suavemente y parecen pedir nuestro regreso,
como si una lágrima que cegara el curso de la guerra
pudiera disolver de una vez nuestro acero en su dulce deseo.

Este trozo de poema es de Karl Shapiro, destinado a Nueva Guinea durante la II Guerra Mundial. Se llama “Tren de tropas”. Descubriendo mundo, así como Dubuffet, un día, abrió su escuela de arte marginal (outsider o art brut) en Suiza, en 1962. Descubrió otro mundo y no tuvo que viajar más que a esas personas que ahora llamamos especiales. Y hacemos bien.

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5 comentarios to “Una eventual extinción”

  1. Dani said

    “Necesito muy pocas cosas y las que necesito, las necesito muy poco”…

  2. slumdar2 said

    Naci con las manos vacías,
    moriré con las manos vacías,
    he vivido la vida en su máxima expresión,
    con las manos vacías.
    Marlo Morgan (Las voces del desierto), uno de los libros que mas me han impacto, junto con Las enseñanzas de don Juan (Carlos Castaneda). Reflejan una concepción y filosofía de vida distintas, dentro de su propia dimensión.
    Ojalá lo que dice Dani pudiera ser tan conciso, yo no lo consigo y creo que por ahí van los tiros…
    Las fotos de la web, Rayuelo, im-presionantes, como me gusta el vintage, incluso antes de que los Zara y compañía lo pusieran de “moda”. Menudos pringaos, frivolizar con algo tan auténtico.

  3. María said

    Quizás una de las mejores entradas hasta hoy para mí.
    No sé si hoy es acertado de verdad afirmar que necesitamos pocas cosas y las que necesitamos las necesitamos poco, Francisco de Asís ¿no? Eso era otra cosa, otra época. No quiero justificar nada con eso, es verdad que en la sencillez está la belleza, yo eso lo defiendo, y más ahora que, según mi parecer, el engaño más grande que le han hecho a la mujer es hacerle pensar que en la complejidad está su evolución, pero eso es tema de una entrada nueva.

    Yo me identifico con Rayuelo en la afirmación de que es difícil creerse hoy que vivir con lo imprescindible pueda darse.
    Las crisis…un tema apasionante, parecerá paradójico lo que pienso, pero las crisis ayudan más que destruyen. Podreis pensar que es muy fácil afirmar esto, sobre todo si se ve la exposición de Evans, ese retrato del sufrimiento humano, miras las caras y uno se estremece. Sí, es verdad. Sin embargo el mundo está bien hecho, de vez en cuando el hombre necesita un revés, algo que le haga ver que el camino que está llevando no es el correcto, si no hay crisis seguiría la especulación inmobiliaria, etc, etc. De alguna manera eso tiene que parar, y así el hombre se tendrá que dar cuenta que el dinero no da la felicidad, para nada.

  4. María said

    Me recuerda esto a cierto “capítulo” de las Metamorfosis de Ovidio, creo recordar que se llama las Edades del Hombre.
    La primera fue la Edad de Oro: edad de la lealtad.
    Después vino la de Plata: peor que el oro pero mejor que el bronce.
    Tras ésta la de bronce: cruel y sangrienta. Después se dice que estos seres no contentos en la Tierra aspiraron a llegar al cielo. Júpiter se entristeció, se lo había concedido todo y sin embargo no estaban conformes y en la asamblea de los dioses se decide acabar con la especie:

    “Mientras aquellos fieros cuerpos yacían aplastados
    por su propia mole, la Tierra, se dice, regada, se empapó
    de la abundante sangre de sus hijos, dio vida a aquella sangre
    caliente y, para que no quedara reliquia alguna de su estirpe,
    la convirtió en fguras humanas. Pero también aquella raza
    despreció a los dioses, avidísima de crueles carnicerías,
    y fue violenta: se veía que habían nacido de la sangre.”
    (Metamorfosis, Libro I)

  5. slumdar2 said

    Solo cuando se haya talado el último árbol
    solo cuando se haya envenenado el último río,
    solo cuando se haya pescado el último pez;
    solo entonces descubrirás que el dinero no es comestible.
    Profecía de los indios Cree

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