Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

“Verdades evidentes”

Posted by danibepa en 22 febrero 2009

Sostenemos que estas Verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos Derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad (sic).

Lo primero que os propongo, amigos,

es hacer un esfuerzo intelectual: intentad decirme a que “todo” pertenece esta “parte”, o por lo menos a qué creeis que pertenece. Poner el texto en Google estaría un poco feo.

Por otro lado, hay que decir que en la época que se escribió se trataba de la teoría, otra cosa era la práctica. La pregunta es: hoy día creo que todos pensamos, o la mayoría, que estos principios son “evidentes”, pero, ¿cómo está la cosa en la realidad?

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7 comentarios to ““Verdades evidentes””

  1. rayuelo said

    Esta es la Constitución Estadounidense??

  2. alfredo said

    Me quedo de una pieza

  3. slumdar2 said

    Pues fíjate que yo no creo en las casualidades (sino en las causalidades) y tras leer tu entrada y no hilarla bien, la dejo macerando un tiempo…sigo navegando por ahí, y cae en mis manos un artículo de Reverte –si nos gusta o no es otro debate- y lo lanzo a la era, para que veáis si las verdades son evidentes, son sospechosas, son absolutas, o qué coño son; ahí dejo el regalito, no tiene desperdicio:

    LOS AMOS DEL MUNDO Arturo Pérez-Reverte (Artículo del escritor español Arturo
    Pérez-Reverte, publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, parece una visión de Nostradamus).

    Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos
    multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo. Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden. No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro. Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del
    banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja. Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los
    tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.. Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
    Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida. Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

    P.D. Perdón el tocho y la chapa, pero me ha venido de c*****s.

  4. María said

    Me suena a Constitución igual que a David, o a Derechos Humanos, algo así. Evidentes son muchas cosas pero otra es que las cosas se cumplan o no. Si es evidente que todos los hombres son creados iguales ¿por qué el Nobel de ayer descubrió más inteligencia en blancos que negros? O mejor, ¿por qué se creyó con el derecho de afimarlo? Si es tan evidente…

  5. Dani said

    Es el preámbulo de la Declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776. Lo paradógico es que entonces esas “Verdades evidentes” eran sólo para hombres (masculinos) blancos. No entraban ni mujers ni esclavos negros ni indígenas.
    Es curioso eso de afirmar lo de las verdades evidentes, ¿verdad?

  6. María said

    Lo peligroso es más bien llamar evidente a ciertas cosas ¿no? La evidencia es muy peligrosa… Y puede ser muy arriesgado llamar evidente a ciertas cosas

  7. rayuelo said

    Tenía ganas de comentar esta entrada pero no había encontrado tiempo ni, quizá, ganas.

    Con los datos que ofrece Dani, eso de que solo los hombres blancos podían ejercer ese “Derecho a la Búsqueda de la Felicidad” está todo dicho. Desde luego, la creación de este lenguaje político, gestado a caballo entre la Independencia americana, la Revolución Francesa y las unificaciones italiana y alemana ha hecho que, a día de hoy, no nos creamos (al menos yo) nada de lo que sale transcrito en los boletines del Estado, las nuevas leyes y los discursos en los parlamentos. POR ESO, ES UNA MODA AHORA, BUSCAR ESA DECLARACIÓN FUERA DE MICROFÓNOS, DONDE EL “METEPATAS” SE DESCRIBE TAL Y COMO ES: DICE LO QUE PIENSA Y, LO QUE PIENSA, DEMUESTRA SU IMPOSIBILIDAD PARA ESTAR EN UN GOBIERNO SERIO.

    Está claro que descontextualizo totalmente la entrada, que la transpolo a lo que a mí más me fastidia y que eso es un poco (si no bastante) demagógico. PERO IGUAL ESTOY ALGO CABREADO, SIN MÁS.

    Claro que se ha avanzado tras dos siglos y medio, claro que la libertad entendida como tal ha experimentado ese cambio para bien, claro que se ha llegado a un nivel de bienestar (no en todas partes, pero ese es otro tema) aceptable. CLARO QUE PODEMOS DECIR LO QUE QUERAMOS.

    Pero esta Declaración de Independencia no hace más que justificarme lo infantiles que eran los políticos de entonces (al menos tenían la excusa de que iban abriendo camino y que como humanos se debían equivocar) y LO POCO QUE HAN CAMBIADO LOS DE AHORA. Dos siglos y medio y la FELICIDAD sigue sin poder definirse: QUE ASÍ SEA.

    (lo último no es irónico, lo pienso en realidad)

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