Los placeres y los días

Es un grito y nadie puede oirlo, solo tú…

Un tornillo

Posted by rayuelo en 12 febrero 2009

Morelli, en “Rayuela”, es un escritor marginal al que el grupo liderado por Horacio Oliveira venera. A lo largo de la obra se van descubriendo textos (o “morellianas” como gusta de llamar Horacio) donde entramos en un universo totalmente desconocido y ausente de significado, claro está, en apariencia. Este fragmento del Capítulo 73 es una de las formas de empezar a leer la novela de Cortázar y es la historia de los ídolos que buscamos los seres humanos queriendo convertirlos en cualquier cosa; en este caso, la paz.

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette…

En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo.

Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, entramos en él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro esté la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta.

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4 comentarios to “Un tornillo”

  1. nacho78 said

    Qué bonito lo del grito, David… y en general el nuevo formato.

  2. Apache said

    La Verdad también es un grito que solo tú puedes oir…, pero la mayoría de las veces nos coge demasiado ocupados venerando ídolos.

  3. rayuelo said

    Gracias por vuestros comentarios.

    Por lo demás decir que hoy se cumplen 25 años de la muerte de Cortázar en París y, bueno, para él este homenaje de las “rayueladas”.

    También comentar, para los que viven en Madrid, que en la fundación Juan March, hay una exposición de los libros que Cortázar tenía en su casa de París: SU BIBLIOTECA PARTICULAR. Para un mitómano como yo es una cita ineludible.

  4. Ignacio said

    Me gustaría saber si has acudido a la fundación juan march y cuál fue tu experiencia. Gracias.

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