“Yo solo tengo unas cuantas certezas. Sé que es mejor amar que odiar, la justicia que la injusticia, la verdad que la mentira, aunque la literatura es una gran mentira pero bien contada…”
Es un fragmento de un libro (bastante regular) de Elena Ponitaowska, La piel del cielo. Resulta que últimamente me ha dado por reflexionar qué es la Cultura en sí, globalmente. Qué es el arte, qué la música, qué la literatura, para qué un pintor, y un novelista, y un poeta. Y no digamos ya Leer el resto de esta entrada »
Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella…
Con 53 años moría en San Petersburgo el compositor ruso Tchaikovsky. Su última obra, según cuentan los entendidos, era un claro reflejo de su estado permanente de depresión. El nombre: “Patética” (1893). Walt Disney, con buen criterio, prefirió para la obra maestra de “Fantasía” (1940) una parte del “Cascanueces”. Por algo sería.
¿Por qué te contemplo? ¿Por qué te toco? ¿Qué busco en ti,
mujer,
que he de apresurarme para estar contigo una vez más?
¿Por qué debo sondear nuevamente tu nada abisal
y extraer nada más que dolor?
Fijamente, fijamente miro tus ojos acuosos; pero no quedo más
convencido
Ahora que alguna otra vez
de que sólo son dos espejos que reflejan la luz del
firmamento,
eso y nada más.
Y aprieto tu cuerpo contra mi cuerpo como si esperara abrirme
una brecha
directamente a otra esfera;
y me esfuerzo por hablar contigo con palabras más allá de mí
palabra,
en las que todas las cosas son claras,
hasta que exhausto me hundo una vez más en tu nada abisal
y la fría nada de mí:
Tú, riendo y llorando en este cuarto ridículo
con tu mano sobre mi rodilla;
llorando porque me crees perverso y desdichado; y riendo
por hallar nuestro amor tan extraño;
con la vista mutuamente clavada en una última esperanza,
ciega y desesperada,
de que el mundo entero cambie.
Nadie sabe que será el futuro y nadie puede saberlo. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que desde que todo el mundo se ocupa del futuro no se puede comer uno una tortilla decente.
Teníamos que traer un pobre. Solo nos faltaba que sabiendo la gente como piensas no hubiéramos traído un pobre a casa por Navidad. En estos pueblos pequeños se habla mucho… lo que no entiendo es por qué se ha tenido que poner malo precisamente el nuestro. Llama al dentista de abajo; a ver si adivina que tiene. ¡Pulso no tiene, desde luego! Acostémosle; “¡Antonia, Antonia!, prepare su cama para el pobre…”
Antonia, es la sirvienta (por supuesto), y se niega en rotundo a acostar al pobre que la familia ricachona ha acogido en casa para que les acompañe a cenar con motivo del lema “Siente en su casa a un pobre por Navidad”. Leer el resto de esta entrada »
Yo siempre deseé morir así: como un árbol dormido, como un tilo hechizado, en la paz de la noche, por la luz de la luna. Pero tampoco en esto tengo la fortuna de mi parte. No sólo estoy muriéndome completamente solo, totalmente indefenso, sino que soy consciente en cada instante de cómo el hielo va avanzando por mi sangre. No sólo estoy despierto- despierto y desvelado -ante las puertas de la muerte, sino que, desde hace muchas noches el sueño y sus misterios me han abandonado. Y, por si ello fuera poco, en lugar de dormirme, en lugar de ayudarme a enfrentarme a la muerte, la luna se deshace y también me abandona.
JULIO LLAMAZARES, La lluvia amarilla (capítulo 17)
Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Durante el Mundial de fútbol de Argentina, en 1978, Juan Gelmán, aprovechando la ocasión de tantos focos mirando al mismo sitio Leer el resto de esta entrada »
Ayer me enteré que el cantante Yusuf Islam, más conocido (sobre todo anteriormente) como Cat Stevens, había acusado verbalmente de plagio al grupo británico Coldplay; que ya había sido denunciado por el guitarrista Joe Satriani por reconocer en la canción “Viva la vida”algunos acordes de una de sus creaciones. Lo curioso de todo es que las quejas del cantautor, convertido al Islam en 1978, se refieren a esa misma canción. Como veis Leer el resto de esta entrada »
Fausto es uno de los mitos literarios que más ha trascendido a lo largo de los tiempos. No sé bien qué es lo que hace que unos mitos sobrepasen los límites del tiempo y otros vayan directos al olvido, el caso es que con este fragmento de la obra de Goethe todos podemos sentirnos algo identificados:
” Dos almas ¡ay de mí!, imperan en mi pecho y cada una de la otra anhela desprenderse. Una, con apasionado amor que nunca se fatiga, como con garras de acero a lo terreno se aferra; la otra a trascender las nieblas terrestres aspira, buscando reinos afines y de más alta estirpe.
(…)
Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza de odio y el poder de amor, ¡Devuélveme otra vez mi juventud. ” Leer el resto de esta entrada »