“Yo solo tengo unas cuantas certezas. Sé que es mejor amar que odiar, la justicia que la injusticia, la verdad que la mentira, aunque la literatura es una gran mentira pero bien contada…”
Es un fragmento de un libro (bastante regular) de Elena Ponitaowska, La piel del cielo. Resulta que últimamente me ha dado por reflexionar qué es la Cultura en sí, globalmente. Qué es el arte, qué la música, qué la literatura, para qué un pintor, y un novelista, y un poeta. Y no digamos ya Leer el resto de esta entrada »
Me pregunto si el director del Hotel Masaccio, en Florencia, tendrá idea de qué nombre ha dado a su establecimiento. Conozco de igual manera varios bares llamados Unamuno y solamente observo suciedad en la barra y muchas colillas en el suelo. También creo saber que estos nombres no atraen por llamarse así o asá: no tienen ese encanto los nombres. Aún.
Masaccio vivió 27 años y pasó gran parte de ese tiempo entre muros sin imprimación de iglesias hechas según el estilo de ese momento. Masaccio es esencia viva de la cultura renacentista, es la esencia viva de Florencia; una ciudad que parece joven y que lucha por no pudrirse.
Con 53 años moría en San Petersburgo el compositor ruso Tchaikovsky. Su última obra, según cuentan los entendidos, era un claro reflejo de su estado permanente de depresión. El nombre: “Patética” (1893). Walt Disney, con buen criterio, prefirió para la obra maestra de “Fantasía” (1940) una parte del “Cascanueces”. Por algo sería.
Un año después de morir, en 1951, a André Gide, El Vaticano, le metió todos sus libros (todos) en la lista de los “prohibidos”. Si hay algo que reprochar a las decisiones de la iglesia no es su coherencia, sino su poco tacto que, por otra parte, no es su obligación. Gide perteneció al Partido Comunista y hasta escribió un alegato a favor de la homosexualidad: dos cosas que creía necesarias. También la Iglesia Católica Leer el resto de esta entrada »
Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Durante el Mundial de fútbol de Argentina, en 1978, Juan Gelmán, aprovechando la ocasión de tantos focos mirando al mismo sitio Leer el resto de esta entrada »
La percepción de la belleza, la matematización en la que hemos convertido la manera de mirar arte (es decir, todas las cosas): esto es esto por esto y por lo otro y esto no se puede refutar; es esto y nada más. Estaremos de acuerdo en que una tradición en el lenguaje del arte (es decir, todas las cosas) es obligatoria de seguir pero estaremos de acuerdo que hay preguntas que no tienen una respuesta sencilla, preguntas que toda nuestra inteligencia no puede contestar.
Ronald y Ettiene son dos de los miembros del “Club de la Serpiente”, creado por Horacio Oliveira como asociación cultural y de crítica. Todos sus miembros masculinos están enamorados de La Maga, que, como ya dije, no era la más inteligente. Se enamoran de sus preguntas y de por qué se emociona ante cosas que ellos, a fuerza de aprenderlas, han olvidado que deben llamar a la devoción: llorando o sonriendo. La idea se refleja muy bien en este trozo del Capítulo 142 de “Rayuela”: Leer el resto de esta entrada »
Fausto es uno de los mitos literarios que más ha trascendido a lo largo de los tiempos. No sé bien qué es lo que hace que unos mitos sobrepasen los límites del tiempo y otros vayan directos al olvido, el caso es que con este fragmento de la obra de Goethe todos podemos sentirnos algo identificados:
” Dos almas ¡ay de mí!, imperan en mi pecho y cada una de la otra anhela desprenderse. Una, con apasionado amor que nunca se fatiga, como con garras de acero a lo terreno se aferra; la otra a trascender las nieblas terrestres aspira, buscando reinos afines y de más alta estirpe.
(…)
Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza de odio y el poder de amor, ¡Devuélveme otra vez mi juventud. ” Leer el resto de esta entrada »
Te amo, te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana, más que a la paz, más que nuestros alimentos. Te amo más que al amor, o que a la alegría, o a la vida entera. Te amo más que a Dios.