Hay dos formas de chantaje: una es por abuso, la otra es por desesperación. No se puede ofrecer más que la vida; y esta se pone en juego. Pero es difícil reconocerlos.
La locura de mundo que hemos inventado, que según Bob Dylan había comenzado el día que pusimos una bandera en la Luna, sigue dando giros y giros concretísimos y que olvidamos no en el tiempo, que no existe, si no en una cajita que algún día estallará: porque el mito siempre vuelve y se manifiesta. Claro que si.
Con 53 años moría en San Petersburgo el compositor ruso Tchaikovsky. Su última obra, según cuentan los entendidos, era un claro reflejo de su estado permanente de depresión. El nombre: “Patética” (1893). Walt Disney, con buen criterio, prefirió para la obra maestra de “Fantasía” (1940) una parte del “Cascanueces”. Por algo sería.
¿Por qué te contemplo? ¿Por qué te toco? ¿Qué busco en ti,
mujer,
que he de apresurarme para estar contigo una vez más?
¿Por qué debo sondear nuevamente tu nada abisal
y extraer nada más que dolor?
Fijamente, fijamente miro tus ojos acuosos; pero no quedo más
convencido
Ahora que alguna otra vez
de que sólo son dos espejos que reflejan la luz del
firmamento,
eso y nada más.
Y aprieto tu cuerpo contra mi cuerpo como si esperara abrirme
una brecha
directamente a otra esfera;
y me esfuerzo por hablar contigo con palabras más allá de mí
palabra,
en las que todas las cosas son claras,
hasta que exhausto me hundo una vez más en tu nada abisal
y la fría nada de mí:
Tú, riendo y llorando en este cuarto ridículo
con tu mano sobre mi rodilla;
llorando porque me crees perverso y desdichado; y riendo
por hallar nuestro amor tan extraño;
con la vista mutuamente clavada en una última esperanza,
ciega y desesperada,
de que el mundo entero cambie.
Un año después de morir, en 1951, a André Gide, El Vaticano, le metió todos sus libros (todos) en la lista de los “prohibidos”. Si hay algo que reprochar a las decisiones de la iglesia no es su coherencia, sino su poco tacto que, por otra parte, no es su obligación. Gide perteneció al Partido Comunista y hasta escribió un alegato a favor de la homosexualidad: dos cosas que creía necesarias. También la Iglesia Católica Leer el resto de esta entrada »
Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Durante el Mundial de fútbol de Argentina, en 1978, Juan Gelmán, aprovechando la ocasión de tantos focos mirando al mismo sitio Leer el resto de esta entrada »