Aquel no es un país para hombres viejos. Los jóvenes
tomados del brazo, las aves en los árboles
- Las generaciones que mueren – cantando,
las cascadas de salmón, los mares repletos de atún,
peces, animales, aves, encomian todo el verano.
Todo aquello que se produce, nace, y muere.
Atrapado en esa música sensual todo ignora
monumentos de intelecto que no envejece.
Un hombre viejo no es más que una cosa miserable,
un abrigo andrajoso sobre un bastón, a menos
que el alma aplauda y cante, y cante más fuerte
por cada arruga en su traje mortal.
Ni hay otra escuela de canto que el estudio
de monumentos de magnificencia única;
y por eso he navegado los mares y he venido
a la santa ciudad de Bizancio.
Este fragmento de poema pertenece Leer el resto de esta entrada »