El tema es apasionante y nada simple. Se trata del sentido de la vida, del sufrimiento del ser humano, de la absurdez de la vida, del milagro que supone la misma, de valientes que viven y se quitan la vida… En el fondo, de algo que nos supera a todos: el ser humano. Nosotros mismos. Leer el resto de esta entrada »
Eduardo Chillida fue portero de la Real Sociedad en la postguerra y recibió 16 goles en catorce partidos. Demasiados, pensaría. No se le daba mal dibujar y por lo tanto decidió estudiar Arquitectura. Una cosa seria. Se pasaba el día dibujando así que poco a poco, como las cosas que a uno debieran interesarle y en verdad no le interesan lo más mínimo, fue construyendo un mundo interior donde había límites y donde tendía a superarlos cada día.
La “creación” de un poema, de un poema serio: ¿a qué se debe?. ¿A un genio particular de un momento, a un genio menos atenuado, a un segundo de inspiración?. ¿Lo descubrimos?, ¿lo sacamos de la nada?, ¿pulimos aristas e imperfecciones?. Me refiero a algo de verdad: duro como un diamante y un diamante es, se encuentra, ha ido forjándose sin darnos cuenta. Ya era.
Así comienza el gran discurso de Charles Chaplin al final de la película “El gran dictador” (1940) protagonizada por el siempre magnífico Charles Chaplin.
Han pasado 70 años desde que Chaplin pronunciara estas palabras. Él denunciaba el progreso; porque sí, aún hay gente que sigue pensando que lo que ocurre en nuestro mundo es progreso. Cierto es que nacemos libres, pero también resposables de lo que hacemos de nosotros mismos, ¡no debemos aludir el compromiso que supone vivir en este mundo!
Yo me dedico a la enseñanza precisamente porque creo en este discurso, si no creyera que es posible, no lucharía practicamente por nada. Precisamente yo busco, al igual que Chaplin, la humanización de la sociedad, pero ¿acaso es una utopía?.
Interesante lo de la palabra “utopía“, y es que tiene una premisa importante: que no es imposible.
Discurso de Charles Chaplin en la película El Gran Dictador (1940)
Fragmento de “Jugadores” (1977), de Don DeLillo. Un tipo que cuenta en otra de sus fabulosas novelas (“Submundo”, 1997) la historia de América mientras vuela una pelota de béisbol: Leer el resto de esta entrada »
Las incomprensiones más grandes no le vienen a uno de las cosas más gigantescas e inabarcables. No en principio. Vienen del detalle: de una frase, de un recuerdo o de un instante. Leer el resto de esta entrada »
Edurne Pasaban y su sherpa mirando la cima del Kangchenjunga
Estoy siguiendo la aventura de Edurne Pasaban por las montañas del Himalaya. Aventuras ya ha tenido unas cuantas esta chica, alpinista; esta vez va a por la leyenda: se trata de ser la primera mujer que escala los “catorce ochomiles” de la Tierra, las catorce montañas más altas de nuestro mundo, que pasan de 8000 metros sobre el nivel del mar. Le quedan dos: el Annapurna y el Shisha Pangma, este último ha sepultado bajo sus nieves a veintiuna personas.
Hay diferencias. No es lo mismo un judío ultraortodoxo de Mea Sharim, en Jerusalén, que Woody Allen. Supongo que la distinción estará en el sentido del humor, casi más en eso Leer el resto de esta entrada »
Oriya de Tel Aviv, del arquitecto Daniel Liberskind
Cien años hizo en 2009 de la fundación de una curiosísima ciudad: Tel Aviv. Primera capital del estado de Israel y suburbio judío en Babilonia, según el profeta Ezequiel, en la Biblia (Ezequiel 3, 15): Leer el resto de esta entrada »